Frente Salarial, Punto Débil de la Recuperación: CEESP No hay Fundamentos Para Prever Cambios Bruscos del Tipo de Cambio
ALBERTO NAVARRETE
La economía mexicana se encuentra nuevamente en marcha; el crecimiento del producto interno bruto (PIB) en 1996 -que hoy dará a conocer oficialmente la Secretaría de Hacienda- fue de 5 por ciento, muy superior a cualquiera de los pronósticos originales, afirmó el director del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), Raymundo Winkler.
No obstante, agregó, el frente salarial se mantiene como el punto débil de la recuperación o el "saldo negro" aún imborrable de la crisis: a dos años de la devaluación, los mínimos registran una pérdida real de 20 por ciento y los contractuales de 24 por ciento, con respecto a la ya golpeada capacidad adquisitiva que tenían a finales de 1994.
Ante empresarios del comercio exterior, Winkler aseguró que las condiciones generales de la economía son hoy diametralmente distintas a las que había antes de la devaluación de diciembre de 1994, por lo que no existen fundamentos para prever movimientos bruscos del tipo de cambio. Empero, advirtió, "si continúan sin freno los escándalos políticos, pueden llegar a mine la confianza de los inversionistas".
Al detallar el entorno económico en el que se mueve México en estos momentos, el especialista del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) dijo que junto con el crecimiento económico de 5 por ciento en 1996, ese año se generaron un millón 200 mil empleos, aunque 400 mil de esas plazas se gestaron en la denominada economía informal.
Manifestó que aun con el descenso que han observado las tasas de interés, el costo del dinero se mantendrá alto a lo largo de todo esteenño, al igual que la dificultad de acceder a créditos bancarios a causa del endurecimiento de los criterios de esas instituciones para otorgar financiamiento.
Y en cuanto a los salarios, dividió: los mínimos seguirán en el tobogán de pérdida real de su poder adquisitivo, en tanto que para los contractuales se prevé una recuperación de 2.5 a 3.5 por ciento, en términos reales. Aunque nada despreciable, esta proporción dista mucho de ser suficiente para compensar la caída del ingreso real por la crisis; de hecho, a este ritmo, tendrían que pasar siete años para que el salario medio en México recuperara el valor que tenía antes de la macrodevaluación.
Invitado como orador al LIII Seminario Anual de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM), el director del CEESP entró al debate sobre la inconveniencia o necesidad de ajustar nuestra moneda. Ubicado del lado de quienes abogan por mantener la libre flotación del peso, indicó que la estabilidad cambiaria observada en los últimos meses obedece a un proceso natural de fortalecimiento de la divisa mexicana, apoyado por la expectativa de continuar el crecimiento sobre bases más sanas que en el pasado, en un entorno de confianza y con inflación a la baja.
Reconoció que si bien se ha reducido de 28 a sólo 1.8 por ciento el nivel de subvaluación del peso entre el primer trimestre de 1995 y enero de 1997, con la posibilidad de incurrir al final de este año en una ligera sobrevaluación de mantenerse el actual esquema, este no es el único factor que pesa sobre las autoridades financieras para optar por la devaluación.
Recordó entonces que antes de la crisis se perfilaba ya una peligrosa expansión monetarista, visos de desbalance en las finanzas públicas, desconfianza de los inversionistas (que de enero a noviembre de 1994 habían sacado del país 15,709 millones de dólares) y un margen sobrevaluatorio de 18.2 por ciento del peso frente al dólar.
Hoy, todos esos factores se presentan a la inversa, con un aumento monetario congruente con la recuperación económica, un déficit público inferior a 0.01 por ciento, un nivel cambiario de divisas prácticamente a valor real y con la tendencia de ascenso en la recuperación de la confianza de la inversión.
TENDENCIAS FAVORABLES
Para 1997, los pronósticos del CEESP prevén un aumento del PIB de hasta 4.8 por ciento, que si bien será inferior al registrado en 1996, se producirá sobre una base-valor más elevada; en materia de inflación, el pronóstico es de 17.4 por ciento "como máximo", aunque 2.4 puntos por arriba de la estimación gubernamental; las tasas de interés (tomando como referencia los Cetes a 28 días) observaría como promedio 21 por ciento en el año, lo que supone ligeros "rebotes" alcistas a partir de que en este momento ese indicador se encuentra abajo de 20 por ciento.
En materia cambiaria, Winkler anticipó un valor del dólar de 8.24 pesos como promedio en el año, inferior a 8.55 pesos de la referencia del gobierno, y para finales de diciembre ese indicador se ubicaría en 8.64 pesos. En cuanto al superávit en balanza comercial, éste se situaría en alrededor de 3,300 millones de dólares, es decir, casi 50 por ciento menos que el obtenido en 1996.
Por el lado de la relación ingreso-gasto del gobierno, el director del CEESP indicó que la reaparición del déficit en finanzas públicas, aunque de bajo monto como proporción del PIB, significará una permanencia de esa condición por lo menos durante los próximos cinco o seis años, de manera que el gobierno requerirá financiarse en el mercado interno con cerca de 18 mil millones de pesos, para lo cual competirá por recursos con los particulares y ello alentará algunas presiones en tasas de interés.
Aunque la evolución económica es positiva, resaltaría el especialista de la cúpula empresarial, para que esa trayectoria se mantenga y se fortalezca es importante que se mantenga la estabilidad en el tipo de cambio, porque la teoría de las devaluaciones cíclicas para mantener una moneda subvaluada en aras de la competitividad exportadora sólo genera mayor inflación, tasas de interés a la alza y pérdida del poder adquisitivo.