Punto de vista
Las rentas no alcanzan; ese el discurso eterno. El desvío de fondos, un mal en el país
2,3 billones por año: otro rostro de la corrupción
Dado el alto nivel de corrupción por las desviaciones y saqueo de los recursos, es obvio que a mayor nivel de gasto público, mayores serán los perjuicios a la sociedad. Pocos países como el Ecuador tienen un nivel de gasto público tan alto ya que representa porcentajes que han oscilado entre el 35% y el 45% del PIB.
Ni siquiera países con elevados índices de estatización en la década de los ochenta han llegado a un nivel de gasto público de la proporción que ha adquirido en ciertos momentos en el Ecuador, con el agravante de que ello ha respondido a ejercicios demagógicos y corruptos del poder. Cada vez que el Presupuesto del Estado es financiado artificiosamente con un elevado endeudamiento público y el gasto crece exorbitantemente se proyectan nuevas inflaciones que impiden el crecimiento real de la economía.
Conviene recordar que el Presupuesto de 1995 de 8 billones 114 mil millones debió crecer en 1996 en el monto de la inflación (22,9%) y alcanzar alrededor de 10 billones de sucres. Sin embargo, se elevó a 11 billones 374 mil millones de sucres (40,17%), es decir excedió en casi 12 puntos porcentuales a la inflación. El Presupuesto de 1997 debió crecer en el monto de la inflación del año pasado (24,4%) es decir llegar a 14 billones de sucres. Sin embargo, llegó a 18,6 billones (crece en el 63,6%), esto es, casi 40 puntos por encima de la inflación.
Al analizar el gasto efectivo, las conclusiones son también alarmantes. El Presupuesto de 1996 se liquidó en 14.8 billones de sucres, lo que significa un 62% más frente al gasto real del año anterior, es decir 39 puntos porcentuales por encima de la inflación. En este sentido, la responsabilidad de la voluptuosidad presupuestaria es compartida por el Gobierno de Sixto Durán Ballén que administró los 7 primeros meses y el de Abdalá Bucaram que gobernó entre agosto y diciembre.
El análisis del gasto efectivo en 1996, permite apreciar los contrastes que se han dado entre sectores que crecen en el 141% como la deuda pública, 128% en el área judicial, Presidencia 76%, Conade 96%, mientras Defensa aumentan en el 14% y Turismo baja en el 43%. Una vez que el gasto público se eleva, crea inflexibilidades, ya sea porque ingresa más personal o porque se generan proyectos y programas que demandan cuantiosos gastos en arriendos, vehículos, personal, útiles de escritorio, equipamiento y altos consumos de servicios telefónicos, eléctricos, viajes y viáticos en general.
El gasto público total en 1997 superará holgadamente los 30 billones de sucres, pues debe recordarse que solo los presupuestos del IESS, Petroecuador y sus filiales, Emetel, Inecel y las entidades financieras (Bancos Central, del Estado, de la Vivienda, de Fomento, Corporación Financiera Nacional e Instituto de Crédito Educativo y Becas) equivalen al Presupuesto del Estado. De haberse mantenido los niveles de gastos en el régimen de Bucaram, probablemente la cifra hubiera alcanzado un 43% del PIB.
Los gastos corrientes en el Presupuesto último alcanzan el 59%, mientras los de inversión bordean el 15%; sin embargo, al excluir el servicio y amortización de la deuda pública, el gasto corriente alcanza el 73% y la inversión el 27%. En el primer caso, las desviaciones se dan desde los costosos e innecesarios servicios de consultoría, adquisiciones dolosas en materiales de oficina y, en el régimen anterior, con un acentuado piponazgo en todos los niveles de la administración pública, como el caso del IESS donde ingresaron alrededor de dos mil personas. Hay también inmensas desviaciones en la adquisición de insumos médicos y se llegó al extremo de detectarse intentos de desviación en el gasto electoral oficial.
Una de las formas como se puede medir la tendencia a malgastar y desviar los recursos públicos es la cuantía del gasto electorero sin programación previa como son las llamadas "erogaciones globales" dentro de las cuales se ubican los imprevistos y gastos reservados. Otra medida son los gastos de la Presidencia de la República que se han movilizado a través de la famosa partida 8.110. Precisamente en el presupuesto de 1997 estos dos rubros (globales y Presidencia) suman 1.2 billones, mientras en 1994 apenas alcanzaban a 340 mil millones, es decir casi se han multiplicado por 4, mientras los gastos de salud apenas se han duplicado en igual período.
Conclusiones
Al sumar las desviaciones que se dan en el sector público consolidado, en el cual las erogaciones en servicios, adquisiciones y obras, excluyendo el servicio y amortización de la deuda pública, alcanza a 23 billones de sucres, éstas representan no menos del 10%, es decir 2,3 billones aunque hay provincias en las cuales el 80% de los recursos se desvía.
La permisibilidad de la sociedad ecuatoriana para que se dé un proceso demagógico, irresponsable y corrupto de crecimiento del gasto público ha traído como consecuencia que la inflación, en lugar de bajar al 18,5% anual haya alcanzado el 31,7% en febrero en que se destituye el régimen bucaramista. La reversión del proceso inflacionario representa el 50% del nivel de precios que debía tener el país de no mediar la corrupción política imperante, situación muy dura para los más desposeídos del país.