'Se está dando un cambio, a pesar de las resistencias'
|
|
Ciro Gómez Leyva
Quién mejor que Cuauhtémoc Cárdenas a la hora de trazar analogías entre el arranque del salinismo y los dos primeros años del zedillismo. Porque del hombre que disputó la presidencia a ambos se podrán decir muchas cosas, excepto que no haya sido un opositor irreductible, firme, tenaz del gobierno entre 1988 y la fecha.
Qué tanto habrá cambiado el País. En los dos primeros años del salinismo la figura más cuestionada, criticada, golpeada fue sin duda Cuauhtémoc Cárdenas. En los dos primeros años del zedillismo esa figura ha sido Ernesto Zedillo.
Es que la gente ve el desempeño público de Zedillo. Eso es lo que le ha ocasionado las críticas.
¿Es Ernesto Zedillo la cabeza renuente de un régimen autoritario?
Me da la impresión de que no le gusta la actividad política. No le gusta tratar con los políticos ni las cuestiones eminentemente políticas. Tengo la impresión de que no hace, pero deja hacer. Esto es, no hay un combate a fondo contra la corrupción. Hay desde el Gobierno y sus círculos afines negocios grandes, negocios chicos, lavado de dinero, narcotráfico.
Pero la gente, que tanto ha criticado a Zedillo, le concede el valor de la honestidad. ¿No percibe una brisa fresca, reanimante en términos de corrupción?
No veo cambio.
Esta administración no es la de Salinas.
Es distinta, efectivamente. Pero no veo voluntad para corregir. Se le puede echar la culpa al anterior gobierno, pero se tiene el poder y los recursos para corregir los desvíos, los males, los ilícitos que se cometieron. Por eso digo que no veo voluntad.
Un ejemplo de esa falta de voluntad.
La actuación del Procurador de Justicia. Corrupción es no cumplir con las responsabilidades, corrupción es proteger al delincuente, corrupción es no perseguir el ilícito.
De cualquier forma, esto no ha sido el salinismo.
Estoy totalmente de acuerdo, en un sentido. En otro, si vemos el proyecto económico, vuelvo a decir que estamos por concluir el octavo año del salinismo.
Hay un espíritu político muy distinto. Citemos un caso: Salinas los quiso destruir, Zedillo no.
Efectivamente, hay matices. Las reformas a las leyes electorales no garantizan una legislación cabalmente democrática, pero son sin duda un avance: la ciudadanización del órgano electoral, el transferir al Poder Judicial la responsabilidad del Tribunal Electoral, los topes a las aportaciones para las campañas, la posible apertura de la televisión en forma más equilibrada. Son avances. Sería absurdo negarlo.
¿Avances porque no le ha quedado de otra al Gobierno?
Avances que nos permiten ver con más optimismo hacia adelante, pero que no obedecen a una voluntad definitiva de querer dar el paso hacia el cambio. Percibo todavía muchas resistencias del gobierno para llevar adelante las medidas que nos permitan tener una verdadera vida democrática. No basta poner las medidas en la letra de la ley si no hay voluntad para hacerlas cumplir. Siento que todavía hay muchas resistencias en el Gobierno para echar adelante sus propias medidas. Te pongo un ejemplo. Fue desde el Gobierno desde donde se dijo que había que incluir en nuestra legislación los mecanismos de consulta ciudadana, el referéndum, el plebiscito. Bueno, el propio gobierno se echó para atrás y se cerró ante esas posibilidades. Y así podríamos ver otros casos.
Y el resultado es que las reformas no están dejando satisfecho a nadie.
Exactamente. ¿A quién dejó satisfecho el 49 por ciento para privatizar las plantas petroquímicas que hoy opera Pemex?
A nadie.
De cualquier forma, ha habido un cambio notable en nuestra cultura política en estos dos años.
Sin duda hay un cambio. Pero hagamos cuentas. La hostilidad contra el PRD no tiene las mismas modalidades que con Carlos Salinas, es cierto. Pero ha habido más muertos del PRD en cada uno de los años de Ernesto Zedillo que en los años de Carlos Salinas. ¿En dónde está la variación de la política? ¿Más muertos?
En los seis años de Salinas fueron alrededor de 300, 50 por año. Ahora llevamos más de 150, 75 por año. Asesinatos prácticamente impunes.
¿Qué momento ilustra mejor estos dos años de gobierno?
Lo que mejor caracteriza al Gobierno actual es la firma del acuerdo petrolero de febrero de 1995. Es el hecho más importante porque ejemplifica perfectamente el sometimiento y entrega de facultades de gobierno a una potencia extranjera. Es la constatación de que tenemos un gobierno sometido y una economía dependiente, puesta al servicio de una nación extranjera.
El acuerdo petrolero de febrero de 1995...
Que compromete que el producto de las exportaciones petroleras mexicanas se deposite en la Reserva Federal de Estados Unidos como garantía colateral del préstamo impuesto por el presidente Clinton al Gobierno de México para proteger los intereses de los tenedores norteamericanos de Tesobonos. Pero además se conviene en ese acuerdo que la política fiscal, los impuestos, la política salarial, el monto del crédito interno que otorgan los bancos mexicanos, las tarifas de energía eléctrica y el precio de los combustibles será fijado por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Se entregaron a un gobierno extranjero, así, decisiones que corresponden a la política interna.
¿Qué decir de la detención de Raúl Salinas?
Es un hecho que, desde luego, no carece de relevancia. Pero habría que contraponerlo con la impunidad que se brinda frente a indicios y señales no investigadas respecto a responsabilidades penales, administrativas, de peculado de Carlos Salinas. Yo contrapongo lo de Raúl Salinas con lo de Carlos Salinas; con la impunidad que se brinda a los implicados en la venta de Telmex o a José Córdoba en narcotráfico y en interferencias en decisiones en el terreno bancario; o a lo que acaban de dar a conocer ustedes sobre Rogelio Montemayor en Fertimex. Estamos viendo hoy algo que el PRD ha venido señalando: en las privatizaciones, los funcionarios vendieron con una mano y compraron con la otra.
¿No le está haciendo falta mucha imaginación a nuestra sociedad política, incluida la oposición?
Probablemente. Pero habría que ver qué es lo que ha propuesto la Oposición. Si volvemos al caso de la reforma política veremos que las propuestas que surgieron del PRD fueron mucho más allá de la reforma que se está admitiendo. Sin embargo, el Gobierno se encarga de limitar la reforma política a una reforma electoral y luego la acota. En esas condiciones es muy difícil soltar la imaginación. ¿Por qué no nos proponemos, juntos, ir a un régimen abierto, como en otros países? Entonces sí veríamos hasta dónde puede llegar la imaginación.
¿Qué detiene el tránsito a una sociedad abierta?
Los intereses que se benefician y se privilegian con la situación existente.
Después de Rubén Figueroa, ¿quién sigue ganando con estas reglas? Es un buen ejemplo. ¿Cuánto se tardaron quienes toman las decisiones en el gobierno, cuánto se resistieron para darse cuenta de lo que había pasado en Aguas Blancas?
Quien echó fuera a Figueroa, finalmente, fue la presión de la opinión pública. No hacía falta el video sin editar para darse cuenta que Rubén Figueroa estaba implicado. Ahí estaban en Aguas Blancas el secretario de Gobierno, el Procurador, el jefe de la Judicial, el jefe regional de no sé qué cuerpo. Si está todo el Gobierno y no te das cuenta, o eres cómplice o no estás gobernando.
¿De qué tamaño tiene que ser la presidencia de la transición mexicana?
La institución presidencial es y será fundamental en la transición. La transición se está dando. Con grandes dificultades. Es un parto muy difícil, con todas las complicaciones de los partos políticos. Pero se está dando. Hay cambios. Hay una toma de conciencia general de que el cambio debe darse y puede darse. Este es ya un avance muy importante, que no se tenía, que es producto, en mucho pero no exclusivo, de las luchas de la Oposición. Ha habido tomas de posición y reconocimientos en todos lados, incluido el oficial.
¿El tamaño de la presidencia?
Ajustada a cumplir con lo que establece la Constitución, independientemente de que cuando se acelere la transición se puedan modificar las bases constitucionales y legales de la institución presidencial.
No hay símbolo más poderoso en nuestra cultura política que el presidencial. En ese sentido va la pregunta.
No vamos a hacer la transición prescindiendo de la Presidencia. Tiene que ser uno de los factores que impulsen la transición. No como factor único, no como transición decidida unipersonalmente por el titular del Ejecutivo, pero la institución presidencial es fundamental para establecer la división de poderes, los equilibrios entre los distintos poderes, para abrir posibilidades para desarrollar otras instituciones que tengan presencia en la vida del país. La transición demanda pasar de un presidencialismo exacerbado, excesivo, abusivo, a uno acotado por la Constitución. Una presidencia que promueva una lucha a fondo contra la corrupción y rescate la soberanía.
Se ha hablado mucho de una Presidencia debilitada por la gestión de Ernesto Zedillo.
No es una Presidencia debilitada. Puede ser una presidencia desacreditada, poco apreciada por la opinión pública, pero es una presidencia que hace lo que quiere hacer y no ha habido ninguna fuerza política, social o económica que la detenga en sus decisiones.
Sabemos que usted no es asesor de Ernesto Zedillo, pero ¿qué lecciones y advertencias, a partir de las experiencias de este bienio, podrían iluminar a Ernesto Zedillo? Si estamos viendo levantamientos armados, es como para que pongamos atención en la marginación social, en el deterioro económico, en la falta de oportunidades de trabajo, en la pérdida de calidad del sistema educativo. Diría también que la economía nos está dando señales muy importantes. Seguimos teniendo una moneda muy frágil, cualquier sacudida política, cualquier estornudo en el medio financiero nos produce una devaluación. Y ya este año vamos a tener déficit en la cuenta corriente: 5 mil millones de dólares. Así empezamos: 90 ó 91, 5 mil; 92, 11 mil; 93, 18 mil; 94, 27 mil. Ya vamos en ese camino, ya estamos preparando una crisis que ahora va a ser más rápida. Son algunas advertencias.
Y a pesar de todo, aquí estamos platicando.
Afortunadamente.
Cuando menos estamos viviendo otro tiempo en cuanto a medios de comunicación.
Y las posibilidades de acceso al Gobierno y la búsqueda de entendimiento son también diferentes. Se está dando un cambio, sí, a pesar de todas las resistencias.
El fin del patito feo
Se acabó el patito feo. Un mes de negociaciones terminaron esta noche. Con cara cansada, su auto perdido, Esteban Moctezuma, Secretario de Gobernación, salió por una puerta lateral en la parte trasera de la residencia oficial de Los Pinos. Miró a un grupo de periodistas todavía presentes y afirmó en plática suelta: "Este acuerdo es de trascendencia mundial, México era el patito feo en materia de democracia, se acabó el patito feo".
El Secretario de Gobernación hilvanó una historia breve: un mes duraron las negociaciones, justo el mes que brotó la crisis y apretaron los riesgos de guerra.
El resultado, después de un ir y venir de propuestas entre los dirigentes del PRD, el PAN, el PT y el PRI, con Gobernación como pivote, fue un texto de tres cuartillas. Una declaración de intenciones: iniciar el diálogo nacional, cumplir una reforma electoral definitiva, cancelar la protesta poselectoral, democratizar al Distrito Federal. Moctezuma, el árbitro en esta historia, lo definió como un paraguas, "porque debajo hay mucho, de veras mucho". Dejó sus brazos a media altura y simuló la curva de una sombrilla en el aire. Dijo que las pequeñas cosas irían brotando, fluyendo, por debajo.
(En REFORMA, miércoles 18 de enero de 1995. Por Arturo Cano y Roberto Zamarripa).
|
|
Copyright © 1996 Información Selectiva, S.A. de C.V. Todos los derechos reservados |