'La política va primero en la chamba de cualquier gobernante'

Ciro Gómez Leyva

Desde enero de 1995, Héctor Aguilar Camín advirtió que la falla central en la toma del poder del presidente Zedillo fue la de haber subido al puesto decidido a gobernar para todos los mexicanos, y no, en primer término, para la coalición de votantes y compromisos que lo hizo triunfar en las elecciones de 1994. Desde ese momento, también (podría decirse que el de su pleno retorno a las arenas periodísticas), sus textos han sido fundamentales para interpretar la historia de estos 700 días.

¿Es Ernesto Zedillo la cabeza renuente de un régimen autoritario?

Es la cabeza de un régimen autoritario debilitado, reformado en cuestiones fundamentales, pero que se resiste a desaparecer, como todos los regímenes políticos. El problema de Zedillo es cómo terminar esa reforma sin que se le caiga encima el viejo edificio.

¿Sigues pensando que en la cabeza del economista Ernesto Zedillo la política va primero?

La política va primero en la chamba de cualquier gobernante.

Pero a veces parece que Ernesto Zedillo es la excepción que confirma la regla.

Puede ser. Pero en esta materia no hay cómo contentarnos. Si el presidente es muy político, muy protagónico, muy fuerte, como Miguel Alemán, Luis Echeverría o Carlos Salinas, nos parece que abusa y nos llamamos a agravio por su presidencialismo desconsiderado. Si el presidente resulta menos político y protagónico, y tiene un bajo perfil, como Manuel Avila Camacho, Miguel de la Madrid o Ernesto Zedillo, nos parece que es débil, torpe o insensible y nos llamamos a agravio por sus limitaciones.

¿Puede decirse que ha habido convicción democrática en la oferta política de Zedillo, que esta presidencia está empeñada en desarraigar viejos hábitos perniciosos?

Sí, creo que hay convicción. Otra cosa es que se pueda avanzar al ritmo de las convicciones. Se avanza al ritmo de la realidad. Pero hay avances reales. Creo que la reforma electoral pactada por los partidos y la salida del gobierno del IFE son pasos democráticos claros. También son un hecho las elecciones competidas y limpias que hemos tenido desde 1994.

¿Hubo convicción democrática el 9 de febrero de 1995?

Hubo una decisión de Estado: reocupar territorios que estaban simbólica o realmente sustraídos al control del gobierno, al ámbito de la soberanía estatal. Hubo también cuidado de que esa reocupación fuera legal. ¿Es democrático que el Estado mantenga el control sobre su territorio? No directamente. Pero es una condición para que la democracia pueda darse. Estados fuertes y estables son condición de sistemas democráticos fuertes y estables. Son su piso.

¿Hubo convicción democrática en la votación para aprobar el IVA?

No creo. Hubo la decisión presidencial de disciplinar a su partido en un asunto prioritario del gobierno. En esa votación, resistida por los priístas, empezó a medirse hasta qué punto la alianza de Zedillo con el PRI era débil, y riesgosa para la fuerza de la presidencia.

¿Hubo convicción democrática en el arribo, con grúa, de Esteban Moctezuma al PRI?

No. Lo que hubo, creo, fue la convicción presidencial de que debe empezar a recuperar el control sobre el PRI si quiere tener fuerza para gobernar y para manejar razonablemente las jornadas políticas que vienen.

Pero...

Ahora yo contrapregunto: ¿puede haber un gobierno eficaz, en un régimen democrático, sin un partido fuerte que lo apoye en sus programas, en las elecciones, en el Congreso? Creo que no. A mi juicio, el error de partida de Zedillo de marcarle una distancia al PRI sigue pesándole. Su dilema es relativamente sencillo. No quiere manipular al PRI, pero no puede dejarlo suelto. No quiere gobernar con el PRI, pero no puede gobernar sin él.

¿Qué tanto capital de los fondos presidenciales lleva gastado Zedillo?

No tengo idea. Pero el poder presidencial en México, aun si es acotado a sus facultades legales, es todavía el poder mayor que hay en el país. Creo que le queda mucha cuerda. El reto inédito para el poder presidencial puede venir en la segunda mitad del sexenio.

¿Por qué?

Por primera vez en medio siglo los aspirantes priístas a la presidencia pueden no estar entonces controlados por el Presidente. Si se arraiga la tendencia de que no sea el Presidente quien elija al candidato presidencial del PRI, podemos tener en 1998 y 1999 un adelanto del debilitamiento presidencial que ha sido hasta hoy característica del último año de gobierno. Eso sí puede representar un fuerte desfalco de los fondos presidenciales, con consecuencias imprevisibles.

¿Absolutamente imprevisibles?

Me refiero a lo que pueda pasar en el PRI. Si el Presidente no controla como antaño la sucesión en el PRI, los priístas competirán más libremente, entre ellos, por la candidatura. Nunca lo han hecho y no tienen reglas claras para hacerlo. La competencia entre ellos puede volverse entonces un pleito de callejón. Lo impredecible es de qué tamaño va a ser ese pleito y hasta qué punto alterará la atmósfera pública. Puede tener consecuencias sólo para el PRI, en el sentido de que se dividan sus fuerzas y den a luz a un candidato débil. Pero puede tener consecuencias también para la estabilidad política del país, si esa división toma el rumbo del enfrentamiento irreductible y la violencia, la guerra entre bandas o grupos. No soy de los que creen que el PRI sólo existe por la ayuda que le da el gobierno. Creo que es todavía la mayor coalición de fuerzas políticas y poderes reales que hay en México. Si hay guerra ahí, va a ser una guerra riesgosa para todos.

Has definido el estilo del Presidente como corto y seco, renuente a la grandilocuencia. ¿No será, también, que tenemos un Presidente estrecho de horizonte y sensibilidad?

Estrecho de horizonte, no creo. El problema es quizás al revés: su proyecto mira a un horizonte largo y desestima el corto plazo. Ese descuido es lo que suele llamarse falta de sensibilidad política. Ahora, en la política de verdad no existe sino el corto plazo. El largo plazo es privilegio de los historiadores... futuros.

Has trazado la metáfora del aterrizaje desastroso del salinismo. ¿En qué momento, realmente, Zedillo comenzó a capitanear la nave?

El 1 de diciembre de 1994.

¿Cómo imaginas que se escribirá el capítulo del despegue zedillista, de este primer tercio de gestión?

Espero que se escriba mejor y más comprensiblemente de como lo estamos escribiendo en estos días.

Tu opinión sobre el papel de Zedillo en el funcionamiento de la fase destructiva del rito de venerar al héroe en el poder y execrarlo cuando lo ha perdido.

Ningún linchamiento postpresidencial había alcanzado la intensidad del linchamiento de Salinas. Hay quien dice, sin embargo, que Zedillo protege a Salinas. Hay quien afirma incluso que Salinas gobierna a través de Zedillo. Será un masoquista. Yo creo que Zedillo no ha hecho gran cosa para propiciar el linchamiento de Salinas. Tampoco ha hecho gran cosa para evitarlo. El linchamiento de Salinas le ha dado tiempo a Zedillo para enderezar la nave, pero empieza a tener rendimientos decrecientes para el propio Zedillo, para la credibilidad general del gobierno y de las instituciones en general.

¿De qué tamaño crees que sea la sombra de Salinas en el despacho presidencial?

No tengo idea. Hay que convocar a una vidente, ahora que están de moda.

Héctor Aguilar Camín en REFORMA, enero de 1995: "La prensa sigue siendo un instrumento muy deficiente de conocimiento de lo que está pasando". ¿Suscribes la frase 20 zedillistas meses después?

Sí. También dije que la prensa de hoy es la más libre y plural que ha tenido México en este siglo.

¿Puedes ilustrar esa convicción con el caso Colosio?

Creo que la prensa no ha añadido sino confusión al caso Colosio. No sólo no ha aportado revelación alguna, sino que ha oscurecido incluso lo que son hechos incontrastables. Por ejemplo, la identidad de Aburto. El único hecho probado y archiprobado de todo el asunto es que Mario Aburto mató a Colosio, fue detenido en Lomas Taurinas y está preso en Almoloya. La prensa se encargó de enturbiar incluso eso.

¿Qué sabríamos del caso Colosio sin la prensa? ¿Sabríamos que Colosio maltrataba al general Domiro?

No. Pero saber eso ¿conduce a alguna parte en cuanto al esclarecimiento del crimen? Es una información que sólo tiene sentido si se prueba que, por el maltrato que recibía, Domiro decidió matar a su jefe. Pequeño salto: del maltrato al homicidio. Aquí también, creo, la prensa no ha aportado una prueba o una revelación, sino una sospecha. Ha añadido una sospecha, injustamente, creo yo, a la reputación de Domiro, no una pista sólida al esclarecimiento del crimen.

¿Sabríamos que Chapa Bezanilla interrogó al mayor Morán frente a seis generales?

No. Pero, insisto, saber eso ¿en qué colaboró o colabora al esclarecimiento del crimen? La verdad es que, en lo tocante al caso Colosio, la prensa habría ayudado más a la gente a formarse una opinión sólida si hubiera hecho públicas, sin excepción, las fuentes de donde recibió y recibe las muchísimas filtraciones, hipótesis y rumores que ha publicado. En el caso Colosio, la prensa en general ha callado sus fuentes hasta la complicidad. Es un asunto demasiado serio para tanta confidencialidad, tanta filtración y tantas imputaciones gravísimas atribuidas a "fuentes de la Procuraduría" o "fuentes que pidieron el anonimato". La prensa mexicana no tiene una tradición sólida de prensa libre, independiente y seria. No basta su palabra. Hace falta transparencia y rigor en sus fuentes. Tiene que construir todavía su credibilidad, ponerse a salvo de toda sospecha de complicidad política o simple corrupción a la hora de decir que no puede revelar sus fuentes. No puede dar a otros, a sus fuentes anónimas o reservadas, la credibilidad que, salvo excepciones reconocidas, ella no ha construido aún.

Pero si la prensa no hubiera estado sobre el caso Colosio ¿no habría pasado lo que pasó con el asesinato de Polo Uscanga? ¿No nos hubiéramos desentendido lentamente, allá sus deudos que le lleven flores?

No creo, porque el caso Colosio es infinitamente más visible. Pero tienes razón en el fondo de tu pregunta. La prensa debe hacer su chamba y estar encima de los asuntos, aun si exagera o se equivoca. En esta materia, yo creo que es preferible la exageración que la omisión. A mí no me gusta la forma como la prensa ha abordado el caso Colosio, pero me gusta el hecho de que lo haya abordado hasta la obsesión. La transición democrática de México necesita una prensa que esté encima de los asuntos públicos. Aunque se pase.

¿De qué tamaño tiene que ser la presidencia de la transición mexicana?

Me temo que tiene que ser una presidencia grande, grande de poderes y también de miras.

Podemos ver todavía a un pueblo de rostros airados, desencantado con su Presidente. Pensando en Zedillo, cerremos con Mitterrand: "No hay prisión más segura que la esperanza para mañana".

No sé a qué se refería Mitterrand cuando dijo esa frase. Pero no recuerdo que Mitterrand haya propuesto a los franceses la libertad de la desesperanza, en vez de la prisión de la "esperanza para mañana". Lo que les propuso de principio a fin fue la grandeza de Francia.

Volver a su origen

Durante el desayuno de la Unidad Revolucionaria, realizado en la explanada del CEN del PRI, algunos asistentes se atreven a comparar el régimen de Salinas con el de Porfirio Díaz. Se excedió en el uso del poder, abrió la puerta de los ferrocarriles a los extranjeros y... después vino la revolución de 1910.

Por eso sorprende que Augusto Gómez Villanueva, del ala dura, diga al término de la reunión que el refrendo de la alianza entre el Presidente y el PRI da pauta para hacer una revolución en la Revolución.

En el desayuno, también, el presidente Zedillo manifiesta que es priísta, que de esa manera gobernará, pero que dará un respeto claro y equitativo a los demás partidos políticos. ¿Será que con Zedillo despierta la Revolución? Pero el Presidente no se refiere a la Revolución mexicana. Es más, entre los presentes hay quienes aseguran que nunca ha utilizado ese sustantivo en sus discursos.


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