Sábado 28 de diciembre, 1996

Edición Electrónica. San José, Costa Rica

¡Carnavalísimo!

Arnoldo Rivera y Royden Alvarado
Redactores de La Nación

La mañana soleada cedió a una tarde fría con cielo nublado y, por algún rato, con una persistente llovizna.

Pero esto no fue suficiente para desanimar a los millares de asistentes que atestaron las calles de San José por las cuales pasó el Carnaval Nacional 1996.

Desde la iglesia de La Merced, de donde arrancó --pasando por la avenida segunda, para culminar en Plaza González Víquez--, desfilaron carrozas, comparsas, bandas profesionales, payasos, personajes disfrazados, mascaradas y grupos de zancos. Tal fue parte de lo que el público pudo disfrutar de este tradicional festejo de fin de año.

Cualquier lugar fue bueno para no perderse nada: balcones, ventanas y sus salientes, las ruinas de un viejo edificio o el mismo pavimento...

Lo que no se valía era perderse algún detalle y no moverse al ritmo --como lo permitiera el espacio-- de la música interpretada por las bandas y comparsas, o de los potentes parlantes de algunas emisoras nacionales presentes en el recorrido.

De acuerdo con José Navarro, miembro del jurado calificador, los ganadores de las diversas categorías del Carnaval 1996 se decidirían ayer en la noche, en una reunión en la sede del municipio capitalino.

Un total de ¢6.830.000 estaban dispuestos para premiar a los ganadores.

La actividad forma parte de los tradicionales Festejos Populares de San José, organizados por la Municipalidad local.

Carnaval seguro

Cabe resaltar la fuerte presencia de efectivos policiales a lo largo del Carnaval.

Un total de 1.800 miembros de la Guardia Civil, la Reserva Nacional, Policía de Tránsito, Policía Municipal y la Unidad Canina (conocida como K-9), entre otros cuerpos, fueron destacados ayer para brindar seguridad a los asistentes.

En diversos puntos de la ruta carnavalera, la Cruz Roja Costarricense tenía puestos fijos con el fin de atender cualquier eventualidad. Al cierre, no se había reportado ningún incidente de gravedad.

Unicamente algunas personas, que padecían de presión baja, debieron ser atentidas en el puesto fijo de la Cruz Roja --ubicado a un costado de la Catedral Metropolitana-- sin mayores contratiempos.

Por otra parte, el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) colocó un punto de suministro de agua frente al Teatro Nacional; además, empleados estuvieron repartiendo el líquido en diversos sitios del festejo.

Según los encargados del puesto, tenían dispuestas entre 20.000 y 25.000 botellitas con agua para distribuirlas a participantes y público.

A pesar de que existía una directriz de la Comisión de Festejos Populares contra la venta de licor, La Nación pudo comprobar cómo negocios aledaños a la ruta del Carnaval vendían --sobre todo cerveza-- sin inconvenientes.

Un amplio contingente de efectivos de la Policía Montada y de la Unidad Canina se encargaron de resguardar la parte final del Carnaval, que terminó a las 6:15 p.m., aproximadamente.

Al filo de la actividad, varios expectadores no dudaron en lanzarse a la calle para bailar al ritmo de los timbales y despedir, así, el festejo.


Donde sea. Cualquier lugar fue útil para deleitarse con la alegría contagiante del Carnaval Nacional 1996.












Vigilancia estricta. De principio a fin, la presencia policial fue evidente. Aproximadamente 1.800 efectivos velaron por la seguridad y el orden.












Zancada carnavalesca. Los grupos de zancos le dieron una "nota de altura" al entretenimiento que recorrió ayer las calles capitalinas y despertaron la admiración de grandes y chicos.


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